Ener Julio, golpes de esperanza en Soledad

Esta es la primera entrega de una serie de crónicas que destacan la labor social y deportiva de varios ex boxeadores con niños y jóvenes que buscan una oportunidad de vida a través del deporte.

‘Cátedra de campeones’ es un homenaje a quienes no se olvidaron de su origen y hoy usan sus puños para construir futuro. Porque en el ring de la vida, el primer round se gana con educación y deporte.

En los rincones más populares del Atlántico, donde el sol golpea tan fuerte como un gancho al plexo, el boxeo ha dejado de ser solo una búsqueda de gloria para convertirse en un escudo contra la adversidad. Esta serie es un recorrido por esos gimnasios de barrio y de pueblo, donde el eco de los sacos y el ritmo de las cuerdas marcan el paso de una transformación social silenciosa, pero poderosa.

A través de estas crónicas profundas, entramos en los cuarteles generales de curtidas leyendas del boxeo colombiano quienes, tras haber tocado la cima del mundo, hoy libran su pelea más importante: salvar a la niñez y a la juventud de las garras de la violencia y la delincuencia.

CÁPITULO I. FORJANDO HOMBRES DE BIEN EN NORMANDÍA

Por Guillo González/Kronos

Ener Julio comenzó su carrera en el boxeo a los 15 años, después de viajar desde el Retén, Magdalena, donde vivía con sus padres Nicida Julio Blanco y Santiago Julio Díaz, hasta Barranquilla, en busca de oportunidades para surgir y destacarse en la vida. Su infancia a pesar de no ser fácil fue feliz; en su pueblo, en los ratos de ocio se dedicaba a pescar y ayudar a sus padres, pero también a jugar a las peleas con sus amigos, todos querían ser como Fidel Bassa, el campeón mundial que salió de ese mismo municipio y que era el ídolo a imitar.

El ex campeón orbital llegó a Villa Lozano en Soledad en el año 2005. Foto Guillo González/Kronos

Llegó a la capital del Atlántico en 1988, se estableció el barrio El Bosque, decidido a convertirse en boxeador. Su primer entrenador fue ‘El Campeón’ Ramírez con el cual hizo seis peleas, de las cuales ganó cinco. Gracias a su estilo, su pegada y su carisma consiguió que el técnico Jorge García Beltrán, formador de grandes boxeadores en el país le diera una oportunidad representando al Atlántico en varias justas nacionales llegando ser campeón nacional en 1991. Cuando dio el salto al profesionalismo tenía claras sus metas, ser campeón orbital, hacer muchas defensas y tener el suficiente dinero para ayudar a sus padres y vivir cómodamente al retirarse, pero sus planes no resultaron exactamente como él quería.

El boxeo, a pesar de ser un deporte de contacto y de alto riesgo, suele ser una alternativa de vida para muchas personas. Foto Guillo González/Kronos

El periodista deportivo y experto en boxeo, Estewil Quesada define al gigante campeón colombiano: “Ener Julio fue un destacado boxeador aficionado que representó a Colombia en torneos internacionales como campeón nacional. Subió al podio en múltiples ocasiones, con mucho metal dorado. Pasó al profesionalismo con la misma racha triunfal e invicto fue dos veces campeón mundial en 1998 y 2000, en Barranquilla y Miami. Boxeador de corte técnico, inteligente, aprovechó brazos largos para imponer condiciones sobre el cuadrilátero. Universitario, humilde y persona de buen corazón, con amabilidad logró ganarse también fuera del ring el aprecio de las personas”.

Campeón dentro y fuera del cuadrilátero

Si fue campeón y lo hizo de manera contundente, pero su carrera sería más difícil de lo que el mismo imaginaba. Julio hizo su debut profesional en 1994, realizó 37 combates de los cuales ganó 26, perdió 8 y empató 3. Logró coronarse Campeón Mundial en la categoría welter júnior (140 libras) de la Organización Mundial de Boxeo en dos ocasiones, la primera en Barranquilla, el 12 de septiembre de 1998 ante el mexicano David Ojeda y la segunda con una victoria por decisión sobre el pegador estadounidense Randall Bailey en Miami el 22 de julio del 2020.

Ener en su época gloriosa de boxeador profesional. Foto Getty Images

Sin embargo, Ener se vio obligado a retirarse durante la defensa de su título contra Félix Flores cuando se revelaron cataratas durante un examen de la vista, dejando vacante la corona. Tendría otra oportunidad por el título contra DeMarcus Corley, pero perdería por decisión unánime.

No obtuvo el dinero que hubiera querido y cuando se retiró lo hizo por petición de su querida madre antes de fallecer, pero como el mismo lo dice, lo que ganó lo invirtió de forma adecuada y es lo que le representa un presente estable económicamente. Con esa tranquilidad y por el amor al boxeo decidió de crear su propio club y seguir involucrado en el mundo del deporte, pero ahora, como entrenador y guía para los nuevos prospectos.

Gracias a su estricta disciplina y su mentalidad ganadora, Julio logró forjarse una buena carrera en el deporte. Foto Guillo González/Kronos

A sus 53 años, el campeón, como todos en su barrio lo llaman, es feliz, haciendo lo que le gusta, en la actividad que lo enamoró de por vida y trasmitiendo su experiencia y conocimiento en el pugilismo a 21 jóvenes entre los 11 y 21 años que hacen parte del Club Ener Julio, el cual fundó hace 4 años y que consta con personería jurídica, dietista y sicóloga, aparte de un entrenador de lujo: el mismo Ener.

¿Boxeadores en un parque?

Fundar el club fue lo fácil, lo difícil realmente estaba en lograr las condiciones adecuadas para entrenar a los muchachos. “La gente pedía que entrenara a los niños, pero carecíamos de un buen lugar y de implementos para hacerlo”, comenta Ener mientras arregla las vendas para que los chicos forren sus manos y agrega “fue Gerardo Rada, mi gran amigo, el que más me impulsó, él me dijo que consiguiera el lugar que me ayudaría con la dotación y así empecé, pero en el barrio La Viola que está más alejado de mi casa en Villa Lozano, ambos en Soledad”.

El Club, tiene injerencia en varios barrios aledaños a su sede en Normandía. Foto Guillo González/Kronos

Al ver que Ener estaba ayudando a varios jóvenes del sector, algunos vecinos le propusieron que se los trajera al barrio Normandía, a tres cuadras de su vivienda y donde podía tener más apoyo. Ener lo pensó y cuando se convenció pidió ayuda a la administración municipal para adecuar el espacio donde hoy funciona su grupo de entrenamiento.

El parque del Barrio Normandía ha sido adecuado para que los jóvenes puedan practicar el deporte con tranquilidad y seguridad. Foto Guillo González/Kronos

Por eso hoy, al pasar por el parque de Normandía no es raro ver a un grupo de chicos practicando boxeo en el parque del sector, donde se construyó un cuadrilátero en cemento y se adecuó un gimnasio para que, tanto los nóveles púgiles, como cualquier miembro de la comunidad, haga deporte.

Los niños del sector, curiosos por naturaleza, rondan a los deportistas y a veces se unen esporádicamente a sus sesiones. Foto Guillo González/Kronos

Entre puños y cariño

Desde su llegada al parque Ener parece una hormiguita por su capacidad de trabajo y su movilidad por todo el lugar. Empieza llenado las botellas de agua para refrescar a los ‘pelaos’, acto seguido abre dos compuertas que están estratégicamente ubicadas debajo del ring y donde guarda con llave los implementos para entrenar. Saca guantes, vendas, cuerdas y varios pesados sacos que va colgando en las barras metálicas dispuestas para estos.

Desde su llegada al parque, tipo 3 y 30 P.M, hasta la hora de marcharse, Ener no descansa buscando el bienestar de sus dirigidos. Foto Guillo González/Kronos

Los jóvenes mientras tanto han iniciado el calentamiento, trotan alrededor del parque y regresan para seguir la calistenia con ejercicios de estiramiento y fuerza. Todos, sin excepción, al llegar saludan a su ‘profe’ con un abrazo. El cariño entre Ener y sus dirigidos en evidente, el carácter afable y amigable de éste hace que el ambiente sea más llevadero para la práctica de un deporte tan duro como el boxeo.

Muchos de los ‘pelaos’ son de escasos recursos, pero con ganas de superarse. Foto Guillo González/Kronos

Las jornadas de entrenamiento son de lunes a viernes entre las 4 de la tarde y las 7 de la noche y como el mismo entrenador dice, son a ‘full’. “Aquí, desde que llegan, todos se ponen en modo box, tengo buenos pelaos, ellos me quieren mucho y yo a ellos, pero siempre les he advertido que este deporte nos es para cualquiera”, advierte Ener sobre los rigores del pugilismo.

Ener ha conseguido apoyo de amigos como el propietario de Bioguard, José Cano, con diferentes aportes. Foto Guillo González/Kronos

“Algunos no duran sino un par de meses, porque cuando empiezan a sentir los golpes, no aguantan, sin embargo, la mayoría que llegan es porque les gusta, y en algunos casos, tienen gran vocación”, explica el  ex boxeador y sostiene con entusiasmo “Esto es una oportunidad para algunos de estos niños para alejarse de las tentaciones, los vicios y la delincuencia, se concentran en el deporte y sé que con esto les ayudamos bastante y los que no serán boxeadores, por lo menos tendrán una disciplina basada en actividades físicas que sirven mucho en la vida”.

La calidad de algunos de los juveniles es evidente. Foto Guillo González/Kronos

Voces de esperanza

En algunos sectores del departamento atlanticense la vida para muchos jóvenes es más ardua de lo que debería ser. Hay municipios donde la criminalidad absorbe a muchas personas que apenas inician su existencia y la falta de oportunidades la precariedad económica y otros factores contribuyen que la delincuencia juvenil se dispare.

Las edades de los integrantes del club van de los 11 a los 21 años. Foto Guillo González/Kronos

Por eso, proyectos deportivos, culturares y pedagógicos que involucren a la niñez y la juventud son un enorme auxilio en esa lucha para no dejar perder y rescatar a quienes merecen una oportunidad de surgir y triunfar en la vida.

Jhoimer Rangel, de 16 años, por ejemplo, comenta agradecido: “Para mi es un placer muy grande practicar con Ener, que el nos enseñe lo que aprendió en el boxeo. Este deporte representa amor, vocación y vida en este momento, es la razón para levantarme todos los días y seguir adelante, tengo proyección de llegar a profesional y con el campeón se que voy a lograrlo”.

Jhoimer Rangel, lleva poco tiempo en el club pero ya se siente como en familia. Foto Guillo González/Kronos

A Ener lo visitan diariamente muchachos de diferentes edades preguntando sobre como inscribirse y hacer parte del club, él intenta adecuar su proyecto a la situación económica de estos sectores urgidos por opciones de desarrollo y muchos corresponden con disciplina y compromiso, otros lamentablemente, pierden el rumbo ante la impotencia de su mentor.

las rutinas y sesiones de entrenamiento son completas y arduas. Foto Guillo González/Kronos

Por su parte Joangel Montilla de 14 años, valora mucho el ambiente y la calidez que ha encontrado en el club, “son dos años los que llevo practicando con el profe y yo soy muy agradecido con él porque aquí he conseguido una familia, un hogar. Ener es excelente entrenador, siempre no corrige y además nos educa para bien y para lograr nuestros objetivos. Yo quiero ser campeón en cuatro divisiones siguiendo los pasos de mi entrenador. Las personas que hacemos boxeo estos barrios estamos aprovechando las oportunidades y alejándonos de muchas tentaciones que pueden dañarnos”.

Joangel Montilla es oriundo de Venezuela y tiene sus metas claras, Ener lo ha ayudado en su proyecto de vida. Foto Guillo González/Kronos

La alegría del sector

“Ener, ¿con quién voy a pelear?, me doy trompá con el que sea”, grita alegremente un ayudante de camión que pasa por la vía principal del sector y Julio en el mismo tono altisonante le contesta: ¡Vengase que le busco el propio, pero después no salgas llorando por la muñequera!”.

Los vecinos del parque conocen a Ener como todo un ‘bacán’, amable y recochero, pero respetuoso y solidario. Foto Guillo González/Kronos

Durante las dos o tres horas que duran las sesiones Ener alterna su labor como técnico, guiando a sus pupilos, enseñándoles trucos, rutinas, exigencias y dándoles consejos, con la de contestar cada uno de los cientos de saludos que le hacen los vecinos y transeúntes que pasan por la zona.

El club ha logrado resultados ubicando algunos prospectos en selecciones juveniles de boxeo. Foto Guillo González/Kronos

El ex peleador costeño es reconocido gracias a su carrera deportiva pero también muy querido por su carisma y carácter. La ‘mamadera de gallo’ siempre está presente y el, dicharachero como el que más, no rehúye a ningún mensaje provocador o hasta irónicamente irrespetuoso y por lo general siempre contesta en la misma sintonía.

Compromiso, constancia y disciplina son valores que se aprenden en el club, necesarios para destacarse en un ambiente hostil. Foto Guillo González/Kronos

“Ener pa’ cuidao te vas a robar la manguera, esa es pa’ reguar el parque”, grita uno de tres ocupantes de un carro de mula que pasa raudo y el campeón se apresura a responderles sonriendo “Pa’ jodelo, más bien dime ¿pa’ onde van los cuatro?”, lo que genera risa entre los curiosos y amigos que se reúnen a ver los entrenos.

Los futuros campeones ven en el box una oportunidad valiosa para triunfar y surgir como deportistas y personas. Foto Guillo González/Kronos

Al final de la tarde, cuando debe recoger los implementos y los chicos empiezan a marcharse, Ener Julio Julio, con 53 años a cuestas, sonríe y demuestra orgulloso que, a pesar de las vicisitudes, las dificultades para conseguir sus metas, siempre su fe en Dios y su disciplina se impondrán y es lo que intenta regalarles a sus dirigidos, eso y una oportunidad para ser hombres de bien.

En Normandía no solo se lanzan golpes, también se construyen sueños. Foto Guillo González/Kronos

En el barrio Normandía, al nororiente del territorio soledeño la vida es más dura de lo normal, con altos índices de delincuencia y violencia, el sector puede mostrar condiciones duras para la juventud y la labor de personas como Ener y su club son un rayo de esperanza para las nuevas generaciones.

El ejemplo de Ener Julio debe ser apoyado con más decisión por autoridades y por la comunidad en general. Foto Guillo González/Kronos