El Libertador vive

Recorrido por la última morada de Simón Bolívar, el guerrero que emancipó a cinco naciones y luchó hasta su muerte por la libertad y la independencia.

Administrada por la Fundación Museo Bolivariano, la Quinta de San Pedro Alejandrino es uno de los centros culturales más importantes del país y un invaluable referente histórico y turístico.

En este 2026, la entidad llega a 40 años preservando la memoria del Libertador Simón Bolívar.

Por Guillo González/Kronos

El 17 de diciembre de 1830 amaneció brillante y caluroso, con la calidez propia del clima tropical, sin embargo, una suave brisa refrescaba y movía las hojas de los imponentes tamarindos que vigilaban celosos la casa principal de la hacienda. El silencio de la mañana solo se veía interrumpido por el canto de algunas aves y los pasos presurosos de los médicos del Libertador, que intuían en su agonía, la cercanía de la muerte.

En la Sala Bolivariana se le rinde tributo al Libertador. En ella se aprecia una escultura de éste, tamaño real y muchos de sus objetos personales. Foto Guillo González/Kronos

Poco después del almuerzo, el general Pedro Briceño, secretario de guerra y el teniente Fernando Bolívar Tinoco, sobrino de Simón Bolívar, hablaban sobre la gravedad del héroe junto al general venezolano José Laurencio Silva, cuando vieron acercarse al médico Alejandro Próspero Reverend, quien visiblemente afectado les comunicó: “Señores, si queréis presenciar los últimos momentos, y el postrer aliento del Libertador, háganlo ahora, ya es tiempo”.

Bolívar había llegado a Santa Marta 16 días antes a bordo de la goleta Manuel, después de una extensa travesía que desmejoró su ya delicada situación de salud, pero, sobre todo, agravó su estado de extrema decepción y tristeza. Al enterarse de su presencia en la ciudad, el doctor Reverend asumió su cuidado y junto a Joaquín Pérez de Mier, lo convencieron de quedarse en la Quinta de San Pedro Alejandrino, propiedad de este último. Así, el 6 de diciembre fue trasladado en una Berlina, de la Casa de Aduanas hasta la hacienda, un lugar ideal para su descanso y recuperación.

La Quinta fue fundada en 1608 por el sacerdote Francisco de Godoy y Cortesía con el nombre de “La Florida San Pedro Alejandrino”. Foto Guillo González/Kronos

Hoy, la Quinta es visitada diariamente por cientos de turistas, quienes buscan recrear y apreciar ese momento histórico en un lugar que preserva la esencia de ese recuerdo. Y es que al entrar en la casa se puede palpar en el aire la nostalgia y la tristeza de las últimas horas del gran héroe latinoamericano.

Su habitación es preservada tal como en esa época, justo cuando uno a uno, fueron entrando sus más fieles acompañantes a ver la agonía y muerte del guerrero que libertara 5 naciones, en un silencio sepulcral, solo interrumpido por los sollozos de su mayordomo José Palacios.

En la alcoba principal se conservan todos los objetos del momento de la expiración de Bolívar, desde la cama hasta el reloj con la hora de su muerte. Foto Guillo González/Kronos

La pesadumbre del ambiente parece traspasar el umbral del tiempo y llegar hasta hoy en una alcoba en penumbra, levemente iluminada por la luz de los ventanales de madera, incluso se conserva el reloj que inmortaliza la hora de la muerte de Bolívar, después que el General Mariano Montilla en medio de su dolor desenvainara su espada y cortara el cordón del péndulo exclamando entre el llanto, “Ha muerto el sol de Colombia”.

La Quinta, su importancia e historia

El 2 de febrero de 1608, el canónigo de la catedral de Santa Marta Francisco de Godoy y Cortesía funda la hacienda dándole por nombre ‘La Florida San Pedro Alejandrino’, en honor al mártir español Pedro Godoy, debido a su devoción al santo..

Con el transcurrir del tiempo y la historia, la hacienda cambió 15 veces de propietarios. Foto Guillo González/Kronos

Desde ese momento, la Quinta de San Pedro Alejandrino ha pasado por varios dueños, entre ellos el gaditano Faustino De Mier y Terán, quien la compró en 1808 por $11.773 pesos oro, para perderla años más tarde a manos de los patriotas por no apoyar su causa. Sin embargo, su hijo, el teniente coronel realista Joaquín Pérez de Mier, la recuperó y pudo darle una gran vitalidad económica con los cultivos de caña de azúcar, usados en la producción de panela, miel y ron, ampliamente apetecidos en la época.

A los visitantes se les exige cumplir un protocolo de comportamiento por la importancia del lugar y los elementos históricos que alberga. Foto Guillo González/Kronos

La historia le depararía a este hidalgo español, la fortuna de brindarle al Libertador su última morada y atenderlo como él se lo merecía. A 30 años de su muerte, en 1891, su hijo, Manuel Julián De Mier, vende la hacienda al departamento del Magdalena en $24.000 pesos oro buscando su conservación, para lo cual iniciaron un proceso de restauración para recrear el estado que presentaba en 1830 y años después es declarada Monumento Histórico de la Nación.

Presente de un baluarte mundial

Actualmente, la Hacienda es administrada por la Fundación Museo Bolivariano Quinta de San Pedro Alejandrino, que cumple 40 años, y es considerado el centro cultural más importante del departamento, así como uno de los principales del país, y tiene como misión principal conservar y dar a conocer el legado del Libertador.

El recorrido es altamente edificante con mucha información sobre Bolívar y la época en que vivió y luchó. Foto Guillo González/Kronos

La Fundación es una entidad sin ánimo de lucro y organiza periódicamente actividades académicas y culturales, visitas y recorridos guiados e importantes exposiciones de arte, consolidando una oferta educativa, artística, ambiental y turística de gran valía y calidad.

En la parte posterior de la hacienda se destaca un bello estanque rodeado por un mural histórico que donó la República del Perú. Foto Guillo González/Kronos

El recorrido para los visitantes está a cargo de un grupo de jóvenes bilingües que manejan toda la información histórica y llevan a las personas por las diferentes secciones de la hermosa hacienda, empezando por las construcciones donde destacan la casa principal y el ingenio, pasando por el Altar de la Patria, el patio de banderas y terminando en el museo, pero disfrutando durante el paseo del jardín botánico, una verdadera joya ambiental con frondosos árboles y gran variedad de flora y fauna características de la región norte del país.

El Altar de la Patria fue construido en 1930, por el arquitecto Gustavo Santos Caballero con la dirección de Manuel Carrerá. Foto Guillo González/Kronos

La casa principal está compuesta por la Sala, la biblioteca, la capilla u oratorio, la habitación del Libertador, las salas de la Independencia, Bolivariana y Centenario, el baño, la cocina y las caballerizas, el ingenio y las bodegas. Recorrer estos lugares llenos de historia, en medio del fresco de la arbolada, constituye una experiencia única y valiosa.

En la Capilla reposan los restos del médico Alejandro Próspero Reverend, que atendió al Libertador durante sus últimos días. Foto Guillo González/Kronos

En el sector laboral se destaca el área donde funcionó el viejo ingenio en el cual se procesaba la caña de azúcar para la elaboración de panela, miel y ron que era comercializado por la flotilla de barcos de Joaquín De Mier por todo el Caribe. Estas construcciones datan del siglo XVIII y comprenden varias edificaciones como bagatela, trapiche, destilería y sótano.

El trapiche es el símbolo de la producción en la época, allí se molía la caña, y se hacía la panela. Se caracteriza por sus gruesos muros y su techo cónico. Foto Guillo González/Kronos

Las edificaciones conservan el color ocre de la época, cuando hace más de 200 años la hacienda tenía como principal actividad económica la producción y comercialización de la caña y el ron y albergaba gran cantidad de trabajadores.

Varias esculturas vigilan el recorrido de los turistas, flanqueado por inmensos y legendarios árboles como samanes y ceibas. Foto Guillo González/Kronos

Museo y Jardín, joyas para disfrutar

El Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo, está ubicado en la parte posterior del complejo y es un espacio donde el espíritu del Libertador se mantiene vivo. Nacido de la iniciativa del artista colombiano Armando Villegas con el beneplácito de las autoridades regionales y el Presidente de la República de entonces Belisario Betancur, abrió sus puertas el 24 de julio de 1986 al interior de la Hacienda, con la intención de hacer realidad a través del arte, el sueño de integración de los países bolivarianos

El museo alberga varios retratos de Bolívar. Entre ellos un óleo de Alejandro Obregón titulado Don Simón en San Pedro Alejandrino, de 1986. Foto Guillo González/Kronos

El espacio pulcramente organizado, exhibe una colección permanente de obras donadas por artistas de Colombia, Ecuador, Venezuela, Bolivia, Perú y Panamá. Además, organiza constantemente talleres, conferencias y actividades culturales con exposiciones artísticas y presentaciones abiertas al público.

El Museo ha reservado sus salas y la Galería para difundir las obras de los creadores actuales de la región, del país e Iberoamérica. Foto Guillo González/Kronos

El Jardín Botánico por su parte fue creado en el año 2004 en convenio con la Universidad del Magdalena y cuenta con 22 hectáreas de bosque seco tropical. Los paseos a través de sus senderos ecológicos son una de las actividades preferidas por los turistas que pueden apreciar especies botánicas de una exuberante belleza.

El jardín tiene árboles con más de 70 años de edad y otros aún mayores (hay 4 centenarios) situados en el corazón de la hacienda. Foto Guillo González/Kronos

En la parte central del jardín está la escultura pedestre de El Libertador tallada en mármol de Carrara en Italia por el profesor genovés Pedro Montarsolo Victorio; La obra, de estilo neoclásico se instaló el 2 de febrero de 1891 y vigila con imponencia desde lo alto, la extensión del lugar.

Muchos países han regalado árboles típicos, entre los cuales se encuentran una palmera de Cuba y otra de Hawái. Foto Guillo González/Kronos

Gracias a la gran cantidad de árboles y plantas, el clima en el lugar es agradable la mayor parte del tiempo, sin embargo, el calor normal de la región puede afectar a algunos visitantes, por eso siempre hay dispuestos lugares para el descanso y la contemplación, incluso, una tienda que ofrece alternativas de comida y bebidas muy agradables.

Estos árboles, acompañados de una variada flora y fauna, constituyen la colección viva con  especies del bosque seco tropical. Foto Guillo González/Kronos

Un plan imperdible en Santa Marta

La Quinta está ubicada en las estribaciones de la Sierra Nevada, a 5 kilómetros del Centro Histórico de Santa Marta. La entrada al complejo tiene un costo, económico para la relevancia del lugar, con valores diferenciados para nacionales y extranjeros que se pagan en una taquilla dispuesta para tal fin. El servicio va desde las 9 am, hasta las 4 y 30 pm, de lunes a domingo, excepto los primero de enero.

En el baño se conservan piezas como un bidé, con un aguamanil de porcelana, tazas sanitarias y una tina de mármol blanco italiano. Foto Guillo González/Kronos

Visitarla es hacer un viaje a los últimos días de uno de los personajes más importantes de la historia universal, en un espacio que hace honor a su memoria e inmortaliza su legado. Turistas de muchas nacionalidades tienen como parada obligada en su visita a Santa Marta, visitar la Quinta de San Pedro, atraídos por el carácter universal de Simón Bolívar.

En la cocina, propia del siglo XVIII, se aprecia un metate, un pilón, 5 fogones y un horno con forma de iglú. Foto Guillo González/Kronos

Una prueba del culto a Bolívar son las 112 plazas que existen en su honor en todo el planeta, aparte de incontables bustos y estatuas, también las calles bautizadas en su honor, municipios, ferrocarriles, estaciones, universidades, escuelas y hasta un equipo de fútbol (en Bolivia), lo que confirma que su legado de libertad, independencia y paz es inmortal y ha trascendido la historia.

La Hacienda Florida de San Pedro Alejandrino es el sacro lugar, donde exhaló su último suspiro el Libertador Simón Bolívar en 1830. Foto Guillo González/Kronos