Análisis de la cinta que describe parte de la increíble vida del ‘Walt Disney de Israel’, una obra digna de admiración.
Una historia de amor, humor, muerte y esperanza en medio del Holocausto contra los judíos.
Para nunca olvidar, cerca de 6 millones de personas fueron asesinadas por los nazis en una guerra absurda de odio y locura antisemita.


«Hacedlos que rían, hacedlos que lloren…hacedlos que esperen». Orson Welles
Por: Guillo González/Kronos
El cine me acercó al horror, al miedo, a la guerra y a la muerte. Sí, a pesar de haber visto documentales, de estudiar y revisar muchas veces la historia de las guerras mundiales, solo cuando vi la cinta ‘La Lista de Schindler’, pude dimensionar la verdadera cara de la tragedia humana más grande de la historia.
Corría el año de 1994, el examen de la cátedra de cine consistía en hacer un análisis de esa magistral película dirigida por Steven Spielberg, una verdadera obra de arte, tan cruda y cruel, como descarnadamente hermosa. Fueron cerca de 4 horas hipnotizado en las butacas del desaparecido Cinema 1, en el centro de Barranquilla, conmovido hasta las lágrimas y coronando el final con un aplauso dedicado a la, para mí, sorprendente escena de la niña del vestido rojo destacando sobre un triste fondo blanco y negro.

Hago referencia a mi acercamiento a esta legendaria película para abordar la que parecería ser una secuela suya, agregada en este 2026 a la plataforma Netflix: ‘Bau, artista en guerra’, un filme del director Sean McNamara que se estrenó en el año 2024 y que es protagonizada por el versátil Emile Hirsch (Into the wild) y por Inbar Lavi (Lucifer), interpretando a Joseph Bau y su esposa Rebecca, dos ángeles salvadores en medio del terrible Holocausto judío.

Al notar este tesoro cinematográfico expuesto en el catálogo principal no dude en verla, primero por mi afición por todo lo que tenga que ver con la segunda guerra mundial y también por el gusto hacía las cintas biográficas que rayan en lo documental. Así que me gustaría que me acompañaran a analizar la película no solo como un drama histórico, sino como una pieza de arte audiovisual, enfocándonos en la maravillosa historia de sus protagonistas, sus vidas, su heroísmo, su acercamiento al dolor y descubrir como el destino los entrecruza con personajes que encarnan las más estremecedoras facetas del ser humano.
El arte contra el horror: El increíble legado de los Bau
La historia de Joseph y Rebecca Bau no es solo un relato de supervivencia; es una de las muestras más conmovedoras de cómo el amor, el arte y un agudo sentido del humor pueden convertirse en las armas de resistencia más poderosas frente a la barbarie. Mientras que películas clásicas como La lista de Schindler, antes mencionada, enfocan la salvación desde el poder económico de un protector, Bau, artista en guerra propone que el talento artístico, la creatividad y el amor fueron valiosas herramientas de rescate y supervivencia.

Joseph nació en Cracovia, Polonia en 1920. Estudió artes plásticas, con énfasis en elaboración de mapas y letras góticas en su ciudad natal, pero su carrera fue truncada por la invasión nazi. Tras permanecer varios meses en el gueto de Cracovia, fue enviado junto a sus padres al campo de concentración de Płaszów, bajo el yugo del sádico comandante alemán Amon Goeth. Joseph fue asignado a la oficina de planificación técnica gracias a su impecable dominio de la caligrafía gótica y el dibujo técnico y a que el anterior cartógrafo fue asesinado vilmente por el Goeth, director del infernal lugar.

La película nos muestra como desde antes de llegar a Plaszów, ya Bau ayudaba a la resistencia falsificando documentos para que pudieran evadir los cercos nazis. Lo que los oficiales de la SS nunca supieron es que, dentro del horroroso encierro del propio campo, Joseph utilizaba su posición, tintas y papeles oficiales para seguir creando identidades y salvoconductos falsos, logrando salvar la vida de cientos de prisioneros. Cuando años después le preguntaron por qué no falsificó un documento para escapar él mismo, su respuesta fue demoledora: “Si yo hubiera escapado, ¿Quién se habría quedado para salvar a los demás?
Rebecca Tennenbaum: El amor como escudo protector
Aunque la cinta nos muestra que Joseph y Rebecca habían tenido un encuentro en las calles de Cracovia, fue en medio de la brutalidad del campo de Płaszów donde se enamoraron, confirmando que el amor puede florecer aún en medio de las más terribles condiciones.

En una hazaña de película, Joseph se disfrazaba de mujer para colarse en el ala femenina del campo. Allí, con su madre oficiando una improvisada ceremonia, se casaron en absoluto secreto en 1944, después de haber fundido una cuchara de plata para que uno de sus compañeros cómplices elaborase unos anillos simbólicos. Este romántico y peligrosísimo hito inspiró una de las escenas más icónicas de la ya remarcada La lista de Schindler.
Rebecca, aunque era enfermera, trabajaba como manicurista y asistente en las dependencias del mismo Amon Goeth, lo que le permitía escuchar y ver información clave. Cuando se enteró de la existencia de la famosa «lista de Oskar Schindler» para salvar prisioneros, Rebecca usó su influencia para meter a Joseph en ésta en lugar de a ella misma y así salvarlo para que siguiera siendo útil a la resistencia, aún en contra de la voluntad de su esposo.

Mientras Joseph fue evacuado y salvado gracias a Schindler, Rebecca fue enviada al temible campo de exterminio de Auschwitz. Con una astucia impresionante, logró sobrevivir burlando incluso las selecciones del infame doctor Josef Mengele, ‘El ángel de la muerte’.
Tras el fin de la guerra, se reencontraron milagrosamente en Cracovia y nunca más se separaron. La película hace honor a ese encuentro de manera emocionante, resaltando la incansable búsqueda de Joseph en campos y hospitales de su amada Rebecca.
El bien, el mal, el pesimismo y la justicia
Varios personajes destacan en esta trama, tan verdadera como angustiante. Por un lado los Bau, Joseph un volcán de positivismo, alegría y esperanza, su esposa Rebecca, fuerte, luchadora, resiliente y ferozmente adaptable, en contraste con el padre de Joseph, que consumido por la desilusión, cargaba con la cruz de no poder proteger a su familia, el miedo de ser maltratados a causa de las imprudencias de su hijo y el pesimismo que le producía el aterrador odio nazi, al final, el tenebroso Franz Gruen, oficial del campo de exterminio lo mató con un disparo en la frente.

También encontramos a la madre de Joseph, dulce y protectora, impulsando a su hijo a no darse por derrotado, recordándole que ellos no tenían la culpa de ser objetos de desprecio y maltrato por parte de los alemanes. Su madre murió de empacho tras su liberación de Bergen-Belsen a donde había sido trasladada desde Plaszów. Los soldados estadounidenses, sobrecogidos ante aquellos esqueletos vivos, los alimentaron con enormes cantidades de comida; pero los estómagos de los cautivos no fueron capaces de digerir las comidas y 10.000 de ellos murieron de indigestión en un solo día.
Goeth y Gruen, encarnan la maldad y el terror, sin duda alguna, representantes del infierno en la tierra, asesinos despiadados que no solo acabaron con la vida de miles de judíos, sino que gozaban sádicamente torturándolos y humillándolos antes de hacerlo.

Schindler y Michael Wancowski, heroísmo y justicia, Por un lado, el alemán Oskar Schindler que inspiró toda una película por sus actos de salvación para cerca de 1200 judíos a través de su fábrica y por otro el joven Micha que se convirtió en abogado en honor a su hermana, muerta brutalmente a martillazos a manos de Gruen en el campo de concentración, llevó a juicio a muchos nazis y representó a personas, que, como él fueron víctimas de la locura mortal alemana. La venganza de los judíos contra Gruen quedó plasmada en una brillante escena en la parte final de la película, donde Bau lo enfrenta con una de sus mejores armas: el ingenio.
Una obra de arte, delicada, mordaz y desgarradora
El tono de esta joya cinematográfica destaca por el sutil uso del blanco y negro matizado con escenas donde el color de las viñetas refleja esperanza y bondad en una amalgama realmente dramática y hermosa. La fotografía de la película es uno de sus puntos más altos. el director de fotografía, Shawn Seifert, utiliza un encuadre casi pictórico; en muchas escenas, los planos emulan la perspectiva y la textura de los propios dibujos de Joseph Bau.

La iluminación juega constantemente con el claroscuro, contrastando las sombras lúgubres del campo de concentración con destellos de luz cálida cuando Joseph y Rebecca interactúan.
La dirección de McNamara va llevando al público a un viaje de incontables emociones, para eso se vale de diferentes herramientas, una de ella es integrar la obra real de Joseph dentro de la narrativa. El espectador no solo ve al personaje dibujar; en ciertos pasajes, el arte cobra vida sutilmente en la pantalla para ilustrar el dolor y la esperanza de la guerra, rindiendo tributo al hombre que luego sería el pionero de la animación en Israel.

Dirigir una historia sobre el Holocausto es un reto gigante porque es muy fácil caer en la oscuridad absoluta o en el melodramatismo. El gran mérito de Sean McNamara en esta cinta está en darle un enfoque luminoso a la tragedia, poniendo el foco en la resiliencia y no solo en el dolor; su cámara se centra en la chispa de resistencia humana. Prefiere filmar la mirada cómplice entre Joseph y Rebecca o el ingenio detrás de la falsificación de un documento que la pura violencia explícita.
Humor contra terror, lecciones de vida
La inclusión del humor es lo que realmente diferencia a esta cinta de otras producciones sobre el Holocausto o Shoá, palabra hebrea que significa catástrofe. Fiel a la filosofía de vida del propio Joseph Bau (quien decía que el humor era el mejor mecanismo de defensa), el guion de Deborah Smerecnik se atreve a incluir momentos de picardía, chistes audaces y complicidad cómica entre la pareja. Esto no le resta gravedad al horror; al contrario, resalta la increíble resistencia mental de los prisioneros para no dejarse deshumanizar.

Además, las actuaciones memorables de los actores principales le dan el toque maestro a esta muy buena cinta. Hirsch logra capturar la dualidad perfecta del personaje: por un lado, la vulnerabilidad y el miedo latente de un hombre al borde de la muerte; por el otro, la chispa de ingenio travieso y la genialidad técnica de un falsificador maestro. Mientras que Inbar Lavi como Rebecca Tennenbaum, entrega una interpretación con una dignidad de hierro. Su mirada proyecta la valentía de una mujer que se convirtió en el escudo de su amado, logrando una química en pantalla con Hirsch que se siente genuina, urgente y trágica.

La película, hace justicia a esta increíble pareja, mostrando cómo el humor y la creatividad no son lujos en tiempos de crisis, sino herramientas vitales para conservar la humanidad. En Tel Aviv, la antigua oficina de Joseph funciona hoy como el Museo Casa de Joseph Bau (conocido como el pionero de la animación en Israel), gestionado por sus hijas Clila y Hadasa, quienes mantienen viva esta asombrosa historia de amor y resiliencia, tanto el museo como la película deben ser de obligatoria visita para los que amamos la historia, pero no queremos que bajo ninguna circunstancia, se repita.







