Desde hace 10 años, el ex pugilista Ángel Piolo realiza una interesante labor social a través del boxeo con cerca de 70 jóvenes del suroriente de Barranquilla.
Con una trayectoria de 21 años a nivel profesional, hoy trasmite sus conocimientos a las nuevas generaciones y busca ganarle vidas a la delincuencia con su trabajo.
Segunda entrega de la serie Cátedra de Campeones con destacados ex boxeadores que hoy se la juegan por la juventud del Atlántico.

Capítulo II. El Ángel de Las Nieves
Por Guillo González/Kronos
El parque del barrio Las Nieves en Barranquilla es uno de los sitios más concurridos de toda la ciudad. En el confluyen diariamente cientos de personas que buscan distraerse un rato, hacer deporte, conversar o encontrarse con amigos y conocidos.

Además de ser también uno de los más extensos de la zona, cuenta con varios espacios para que las personas encuentren lo que necesitan. Y es precisamente en su corazón, una plazoleta de 6 a 7 metros cuadrados donde se reúnen todos los días un nutrido grupo de jóvenes de ese y de barrios aledaños a practicar y aprender boxeo.
Su líder y entrenador es el excampeón Ángel Priolo, un orgulloso cordobés de nacimiento, pero barranquillero de corazón, que aún siente y vive con pasión el deporte que le dio fama, gloria y que lo llevó a varios países durante su carrera.

A eso de las cinco de la tarde empiezan a llegar uno a uno, a pie, en bicicletas, bicitaxis y hasta en motos, los integrantes del club que Ángel ha conformado y que acoge a muchachos de esa inmensa y popular localidad.
Ambiente propicio
El primero en llegar siempre es el asistente del campeón, Humberto Puello Beltrán, hermano del fallecido y glorioso entrenador Jorge García Beltrán. Aunque está en una silla de ruedas, Humberto se desplaza con soltura por la plazuela preparando y organizando lo que será la sesión de entrenamiento.

El lugar es bastante arborizado, de hecho, el rectángulo donde se concentran está flanqueado por cinco ceibas majagua, cuatro ‘palos’ de mango, cinco palmeras y hasta un árbol de ciruela lo que le da frescura al sitio y lo hace agradable. En los alrededores hay dos o tres grupos de hombres jugando dominó y tanto la cancha sintética de fútbol, como la de concreto de micro, siempre están ocupadas, eso hace que el ambiente sea alegre y bullicioso.

Ángel llega y se pone manos a la obra, pero antes saluda con efusividad y confianza a sus pupilos. Las mamaderas de gallo, abrazos y jalones de oreja por inasistencia a los entrenos salen a flote durante el previo a la práctica. El profe como lo llaman es muy apreciado, aunque también respetado.
Intensidad y pasión
“Aquí no descansamos nunca mi hermano”, dice Priolo cuando se le consulta sobre los días y horas en que entrenan. “Llegamos a las cinco, hacemos calistenia y le damos con todo hasta las nueve, todos los días, hasta 25 y 31 de diciembre hemos trabajado”. Explica, revelando en su tono la pasión que siente y trasmite.

De figura menuda, pero fuerte y ágil, el ahora instructor, ordena rápidamente a su grupo y les da instrucciones claras y precisas sobre lo que harán, empezando por el trote alrededor del parque, seguido de salto de cuerdas y movimientos de sombra en la plaza, para ir a subiendo la intensidad con sacos, guantes por parejas y guantelete.

¡Tiempooo¡…grita el profesor Humberto para que los inexpertos combatientes empiecen a moverse…Ángel mientras tanto, va por su primer tinto, servido por una vendedora robusta que pasea en su carrito por todo el lugar y que sabe exactamente cómo le gusta: hasta arriba y bien cargado.

Cuando toca ejercitar con los muchachos, Priolo, peleador de mil batallas los alinea y pide que tiren diferentes tipos de golpes, ¡jab, uper, cruzado…! “Con fuerza, ¿eso es todo lo que tu pegas?”, grita animando a uno de sus adiestrados. El ardor de la jornada sube y tanto hombres como mujeres intentan estar a la altura de su mentor.

Un guerrero con corazón de oro
Ángel Priolo Rivera no fue un boxeador del montón; fue un estilista. Su carrera en el profesionalismo despegó con fuerza en los años 90, convirtiéndose en uno de los referentes del boxeo colombiano en los pesos mosca y supermosca. Su momento cumbre llegó cuando se coronó Campeón Mundial de la Organización Internacional de Boxeo (IBO).

Pero más allá de los títulos, lo que la gente recuerda son sus batallas épicas. Priolo era de esos peleadores que no solo pegaban, sino que daban espectáculo. Se midió con los grandes de su época a nivel internacional, llevando siempre en alto el nombre de Colombia a escenarios de Estados Unidos, México y Europa. Sus peleas eran una clase de técnica: buen movimiento de piernas, una guardia difícil de descifrar y una velocidad de manos que dejaba locos a sus rivales.
Priolo era un ‘tiempista’. No era el típico noqueador, aunque tenía buena pegada, pero le gustaba estudiar al rival, lo desesperaba y conectaba cuando bajaban su guardia. Esa inteligencia técnica es la que ahora intenta heredarle a sus alumnos en su club y en la selección Atlántico.

Hoy en día, esa misma pasión la transmite a los pelaos. Su personalidad es la de un mentor protector; no solo enseña a tirar un golpe recto o un gancho, sino que aconseja sobre la vida. Es un hombre que cree ciegamente en el boxeo como una herramienta para sacar a los jóvenes de los malos pasos, y esa vocación de servicio es lo que lo mantiene activo compartiendo su sabiduría con la próxima generación.
Una amplia trayectoria con miles de batallas
Cuando habla sobre su carrera en el arte de Fistiana a Priolo le brillan lo ojos y su emoción está más que justificada. Su camino fue extenso, difícil, lleno de sacrificios, pero también de recompensas y logros. Comenzó a practicar el boxeo a los 12 años en una finca que cuidaba su padre en Palermo, Magdalena, imitando a su ídolo Miguel ‘Happy’ Lora, gran boxeador colombiano que reinaba en esa época y era admirado por muchos en la región.

“Yo llenaba con arena un saco en los que venía el arroz, lo colgaba y comenzaba a darle golpes, un señor que trabajaba cerca a la finca me veía y me preguntó si quería practicar, le dije que sí y me trajo al club Primero de mayo que dirigía el inmortal Jorge García Beltrán, formador de muchos campeones mundiales y medallistas olímpicos y el me instruyó para que iniciara mi sendero.”, cuenta Priolo sobre sus inicios.

En su etapa como boxeador aficionado realizó 50 peleas aproximadamente muchas de ellas ganadas con suficiencia y calidad, lo que lo llevó a ser convocado a varias selecciones, primero departamentales y después representando al país en varios certámenes, incluyendo un ciclo olímpico para las olimpiadas de Atlanta, Estados Unidos en 1996.
Su paso por el profesionalismo fue igual de extenso, realizando 40 peleas de los cuales ganó 31, fue campeón latinoamericano del Consejo Mundial de Boxeo y campeón nacional de los Estados Unidos donde estuvo por 10 años combatiendo

“Todo lo que aprendí lo comparto hoy con mi gente, en mi tierra y lo hago con amor y vocación. Me gusta hablarles a los niños sobre las experiencias que tuve y el conocimiento que adquirí durante esos años de las diferentes personas que me dirigieron, pues tuve entrenadores, cubanos, mexicanos, dominicanos, norteamericanos, puertorriqueños y colombianos que me ayudaron en mi proceso”.
Escuela de triunfadores
Formar personas antes que deportistas, esa es la gran misión del club de boxeo Ángel Priolo, instruir al joven para que se aleje del mal camino y que sea de valor para su familia y para la sociedad. Los objetivos no son fáciles puesto que sus integrantes viven, crecen y se desenvuelven en ambientes sociales hostiles, en barrios como La Luz, La Chinita, San Roque, Simón Bolívar, Primero de Mayo, El Ferry y el mismo barrio Las Nieves donde está su sede. Con esa idea nació.

Al retirarse, después de su extensa carrera, Priolo, ahora con 52 años, empezó a entrenar a jóvenes de manera personalizada, uno de ellos, hijo de un amigo suyo recibía sus clases en el parque donde hoy funciona el club, los niños del sector al verlos practicar se interesaron y pidieron a Ángel que los ayudara con lo que surgió la idea de crear una escuela, y así lo hizo.

Gracias a la administración distrital que lo ha incluido en programas de formación y al apoyo de la comunidad y algunas personas de buen corazón, el Club ha obtenido su reconocimiento deportivo ante la Secretaría de Deportes de la ciudad y ha logrado llevar varios boxeadores al profesionalismo, como Neider Galvis Muñoz, que hoy marcha invicto con tres peleas en su haber y que se proyecta como figura nacional.

Incluso y como lo manifiesta su creador, el club surte a las selecciones Atlántico de boxeo en sus diferentes categorías gracias a su trabajo abnegado, logrando medallas de oro y triunfos para el departamento.
Compromiso y gratitud
El agradecimiento de los alumnos de Priolo es más que evidente, algunos entrenan con un objetivo claro en el boxeo, otros ven este espacio para mejorar sus vidas y tener una actividad que los distraiga de sus duras realidades.

Santiago Andrés Carretero, de 16 años y residente en el barrio la Luz habla sobre sus expectativas “Ahora mismo quiero ir a un torneo nacional intercolegial, quiero hacer parte de la selección Atlántico, después representar a Colombia en Juegos Olímpicos, ser campeón, entre muchas cosas que quiero lograr en el boxeo”, y añade sobre la situación de muchos jóvenes como el: “En estos barrios hay muchos niños y niñas que se pierden en los vicios y la maldad, aquí practicamos deporte y así nos mantenemos distraídos y no pensamos en cosas malas, eso es muy bueno para la juventud”.

En el club también se destacan algunas niñas, que se han puesto metas y siguen al profe en sus directrices, Giovana Isabella Laguada de 16 años y Felieni Sofía de 12 hacen parte del club desde hace meses, entraron por curiosidad y por recomendación respectivamente y valoran la experiencia que viven. “Hacer deporte es una gran actividad y genera mucho bienestar, además es una alternativa para labrarnos un futuro en el deporte, queremos ser profesionales y ser campeonas”. Señalan sincronizando sus respuestas y en el caso de la menor, invitada por una amiga del club, sostiene con decisión “Este espacio es importante para muchos de nosotros, incluso algunos lo están usando para sanar sus vidas”.

Para Ángel es claro el momento que vive, sabe que hace una labor importante con la niñez y la juventud de la ciudad brindándoles una oportunidad para surgir a través del deporte y la disciplina. Ha llevado su elegancia técnica y su extrema disciplina a su gente para enseñar que la verdadera maestría empieza con el respeto y los pies sobre la tierra y que es tan importante formar a las personas como a los deportistas.







