Así viví el concierto de Shakira después de 19 años esperando este momento
Crónica de Eliana Avendaño S., especial para Kronos
Puedo definir el jueves 20 de febrero como uno de los días más emocionantes en mi vida. Llegué a los alrededores del estadio Metropolitano exactamente a las 3 de la tarde, bajo el inclemente sol barranquillero, la brisa que arropa por estos días a la ciudad y la presencia de miles de personas. Luciendo pelucas moradas, cinturillas con monedas, peinados con brillos, maquillajes impecables y los mejores outfits desfilaban quienes, al igual que yo, teníamos la ilusión de ver y cantar las canciones de la hija más querida de Barranquilla: Shakira Isabel Mebarak Ripoll.
A lo largo de la Avenida Murillo el ambiente era festivo, como cuando juega la selección Colombia en ‘La Arenosa’’. Cientos de vendedores habían llegado desde tempranas horas del día a ofrecer sus productos, desde camisetas, gorras y cintillos, hasta pañoletas, gafas, y accesorios que tenían detalles relacionados con el tour Las Mujeres Ya No Lloran, con el que Shak llega a Colombia después de haber tenido presentaciones históricas en Brasil y Perú.

La espera para pasar por el primer filtro de seguridad fue bastante corta, coincidir con tantas personas con la misma emoción la hizo más amena y es que no era para menos, la intérprete de ‘Ojos así’ no brindaba un concierto en su tierra natal desde el 2006, al que asistí cuando tenía solo 8 años de edad, lo que aumentaba nuestras expectativas. Al igual que hace 19 años, iba a vivir esta experiencia junto a mi mamá y mi hermana en el mismo escenario de aquella vez, lo que hacía todo más emocionante.
A medida que pasaba el tiempo y esperábamos por cortos lapsos entre un filtro y otro, el ardor que producían los rayos del sol al contacto con la piel se fue suavizando, al mismo tiempo que aumentaba la adrenalina por estar más cerca del ingreso al estadio y de ver a una de mis artistas favoritas desde que tengo uso de razón.

Segundo filtro, el ‘Shakiverso’ y Margarita
En el segundo filtro de seguridad el sonido vibrante de un picó, un exaltado animador y canciones de la ‘loba’ de fondo, nos hacían olvidar el calor y recalcarnos el motivo por el que estábamos allí.
El resto del camino fue bastante tranquilo, hasta que a las 4:15pm llegamos a la entrada del parqueadero del Coloso de la Ciudadela, donde nos recibió el ‘Shakiverso’, un espacio para pasar el tiempo entre dinámicas y diferentes experiencias brindadas por las marcas patrocinadoras. El retumbe de un tambor nos fue llamando a la tarima central, donde los muchachos de Tonada Bullerengue nos pusieron a bailar y a calentar nuestros cuerpos, previo a lo que viviríamos en algunas horas.

La entrada al estadio empezó alrededor de las 5:30pm, debo destacar la organización y el buen comportamiento en el ingreso y la ubicación en los lugares que le correspondían a cada quien por parte del personal de logística, quienes se encargaron minuciosamente de que cada persona estuviera en el lugar que establecía su boleta de entrada.
A mi lado se sentó Margarita, una muchacha treintañera que quedó distanciada de sus dos mejores amigos porque no pudieron comprar sus entradas que tuvieran una ubicación secuencial. Mientras seguíamos esperando me contó su vida y yo también un poco de la mía, como si nos conociéramos desde la infancia, hasta que, 15 minutos antes de las 10, alguien a nuestro alrededor anunció que debajo, justo frente a nosotras y al pie de la banca de visitantes durante los partidos de fútbol, se alistaban con trajes plateados quienes acompañarían a Shakira desde la salida del camerino hasta el escenario. La noticia se fue expandiendo y todas las miradas se centraban allí, por momentos todo el estadio coreaba al unísono el nombre de la chica de los pies descalzos.

¡Llegó la hora…llegó la Loba!
A las 10:02 de la noche exactamente el recinto quedó completamente a oscuras y en la pantalla del escenario, que cubría toda la tribuna norte, empezaron a aparecer imágenes de una animación de Shakira caminando descalza sobre arena desértica con el cuerpo bronceado y un poco desaliñada. En ese momento mis emociones estaban en su máximo punto, no podía ocultarlo, se me aceleró el corazón y sentía algo de ansiedad por escuchar por fin, en vivo y en directo la melodiosa voz de mi querida Shak.

Tres minutos después una luz se dirigió a donde estaban los del capuchón metalizado y a lo lejos veía cómo salía la inconfundible melena dorada. Mi piel se erizó desde la cabeza hasta los pies y un par de lágrimas brotaron de mis ojos, no podía creer que estaba empezando el concierto que esperé por casi 20 años.
De inmediato en la pantalla mostraron en tiempo real la pasarela de Shakira hasta el escenario. El estadio se quería caer, más de 45 mil almas estallamos en éxtasis al escuchar a Shakira interpretar La fuerte, canción que hace parte de su más reciente álbum y que abrió el setlist, que fue un recorrido por su trayectoria musical.

Emoción si parar, de principio a fin
Cada canción era más emocionante que la anterior, Hip’s don’t lie fue una de las que levantó a todos de los asientos, mostrando una vez más que en Barranquilla se baila así. Nos puso a bailar, me erizó la piel de principio a fin y me sacó nuevamente algunas lágrimas, pero esa fue solo una más de las tantas lloradas que estaban por venir en canciones como Antología, Inevitable, Waka waka, Acróstico y un par más que no recuerdo.

El momento más top de la noche por supuesto fue cuando en medio de la interpretación Chantaje, la banda empieza a sonar la clave, el público la sigue con las palmas y nuestra Shakira empieza a cantar el coro de la icónica canción En Barranquilla me quedo y anuncia que en el piano la acompaña el legendario Chelito de Castro.

Por si fuera poco, después de esta emocionante aparición, Shakira recibe del público un sombrero vueltiao, se lo pone y comienza a cantar Te olvidé, el himno del Carnaval de Barranquilla, mientras aparece en el escenario un grupo de tamboreros encabezados por ‘Tato’ Marenco, en la flauta de millo. De inmediato subió al escenario Tatiana Angulo Fernández de Castro, reina de la Fiesta barranquillera, quien bailó abrazada con Shakira. Se me quería salir el corazón, no pude seguir coreando a grito herido la canción porque sentía cómo se quebraba mi voz al presenciar que mi cantante favorita tuviera en cuenta una de las canciones que nos identifica como barranquilleros.

Al terminar la majestuosa experiencia es inevitable no sentir orgullo por Shakira, por su trayectoria en el mundo del espectáculo y la tenacidad que ha tenido en los últimos años, cuando le ha tocado afrontar quizás uno de los momentos más difíciles de su vida. Además, es quien puso a su ciudad natal en el mapa y le ha mostrado al mundo cómo es que se baila en Barranquilla. En síntesis, Shakira, el concierto y mi experiencia fue simplemente…inolvidable.
