A días de cumplir 3 años de su instalación en Puerto Colombia, resaltamos la historia de Los Inmigrantes, una intervención artística de gran valía para la historia, el turismo y la cultura en el Atlántico
Por Guillo González/Kronos
Cuando los primeros rayos del sol caen sobre la renovada plaza de Puerto Colombia, un grupo de personajes, parecen cobrar vida y despertar para cumplir una misión encomendada desde hace tres años: enseñar a las generaciones actuales y futuras la importancia de los aportes que hicieron las culturas que representan a la sociedad atlanticense y de paso al desarrollo de Colombia.

Los encargados de semejante encargo son 11 esculturas, en las que por primera vez en la historia del arte se han mezclado las técnicas del bronce y el mosaico bizantino, producto de la imaginación, investigación y capacidad creativa de Elsa Marina Lozada, artista plástica colombiana, quien, por encargo de la entonces gobernadora del Atlántico, Elsa Noguera, realizó su instalación en puntos estratégicos de la plaza para que interactúen con los visitantes y brinden una mirada al pasado y a la llegada de los inmigrantes, hito importante en el desarrollo del departamento.

Cada monumento representa una comunidad que llegó al país, entrando por el histórico muelle de Puerto Colombia en el siglo pasado, la mayoría de las veces huyendo de las complejas condiciones de vida en sus países. Las figuras destacan por la personalidad que cada una tiene y el hecho de que, a pesar su inmovilidad, dan una impresión de animación, relacionándose con los turistas que los admiran, esculcan y hasta fotografían recreando diversas y divertidas escenas.

Con el paso del tiempo, los monumentos se han convertido en un referente para el turismo y la misma cultura de la región, aunque es evidente que ya necesitan retoques para cubrir algunos daños y evitar futuros perjuicios en sus estructuras.
El recorrido por la obra
La primera figura con que los visitantes se topan es la del árabe, que parece caminar presuroso, maleta en mano, ataviado con atuendos característicos. Representa las oleadas de inmigrantes más fuertes que llegaron al país y cuya presencia se hace más notoria en la costa Caribe, debido a que ingresaron por Puerto Colombia, anclándose en varias ciudades de la zona y haciendo sus aportes en campos como la gastronomía, el comercio y las finanzas.

Metros después, los visitantes se encuentran con una pareja de mujeres alemanas, ambas de nombre Andrea, según su creadora. Una de ellas inspirada en la hija de la artista y rinden homenaje a los inmigrantes teutones que llegaron a Barranquilla, impulsando su economía con desarrollo en las áreas de transporte, tanto fluvial como aéreo, el campo ganadero, ferretero, cervecero y agrícola.
Las chicas visten como alemanas tradicionales y brindan con sendas jarras de cerveza, en honor a la fiesta tradicional más grande de Alemania, el Oktoberfest.

Miles de historias sin rostros
Acto seguido, después de las alegres bávaras, ocupando una de las bancas de la plaza, está una pareja de hermanos que representan a los inmigrantes en general, personas de varias nacionalidades que llegaron al caribe anónimamente y fueron igualmente bienvenidos y acogidos. Emma, la mujer está finamente vestida y adornada con joyas, entre las que destaca el anillo turco en su mano derecha. A su lado está su hermano Jean Carlo, quien, descansando al parecer de su largo viaje, permite que los turistas se acomoden y ‘charlen’ con él. Los acompaña un loro, acomodado en una singular y elegante jaula, simbolizando el amor de las familias a sus mascotas.

Frente a los elegantes hermanos, está la Dama Española, de vestimenta elegante y pomposa y que recibe con una sonrisa a los turistas recordando los aportes de su gente en las artes y la literatura. Cabe destacar que fueron casi dos años los que pasaron desde que la gobernadora Noguera le encargó la obra a la artista Elsa marina losada, hasta su instalación, que empezó con cuatro figuras

Un poco más adelante de la Dama Española, casi a la entrada del legendario muelle porteño, se luce en su oficio una de las figuras más llamativas de la exposición, el Fotógrafo Francés, engalanado con traje sastre de época, boina francesa y una cámara de fuelle, ideal para que las personas posen ante su lente y sean fotografiados por sus acompañantes, una verdadera genialidad para impulsar el turismo.

Cisneros, todo un adalid del progreso en Colombia
Al seguir caminando, las personas se topan con una de las figuras más significativas de esta puesta en escena artística, se trata del homenaje al Ingeniero Cubano Francisco Javier Cisneros, quien en 1888 diseñó y construyó el muelle, estructura vital en la llegada de los extranjeros. La escultura, está recubierta de mosaico italiano, con zapatos en bronce, piedras venecianas en su sombrero y delicados detalles en el vestido y los planos del terminal marítimo que carga en sus manos orgullosamente.

Francisco Javier Cisneros nació en Santiago de Cuba, en 1838 y murió en el hoy en Nueva York, en 1898. Estudió ingeniería civil en la Habana y Nueva York. Desde joven participó en las luchas de Independencia de Cuba y mientras vivía y estudiaba en el país del norte hizo ciudadano norteamericano.
Llegó a Colombia y se convirtió en uno de los guías del desarrollo de toda una región. Trajo las dos primeras bicicletas al país, encargadas para sus hijas, dio comienzo a los trabajos de construcción del Ferrocarril de Antioquia, montó su empresa de vapores por el rio Magdalena. En el Atlántico, además de construir el muelle, participó, desde Barranquilla, en la colosal empresa de conectar al país con el flujo comercial por el Atlántico. Genio, imaginación e ingenio cautivan en este notable ciudadano de Cuba para Colombia y el mundo. Más que merecida su efigie en Puerto.

Cristy, Caputo y el pasajero hebreo
Las otras tres figuras que completan la interesante muestra están repartidas acertadamente en lugares claves del lugar, una a la entrada del muelle, otra al costado y una más recostada en la plazoleta contigua.
La primera es la chica asiática, se llama Cristy, y está inspirada en una de las personas allegadas a la artista, Elsa Marina Lozada. La imagen, de marcados rasgos orientales, representa a las familias provenientes de China, Japón y Corea instaladas en el Atlántico con contribuciones en gastronomía y comercio. Esta figura viste un tradicional traje rojo, usado por las mujeres chinas para casarse, adornado con apliques dorados, estampado con flores del árbol de cerezo y una tradicional sombrilla oriental.

El gondolero veneciano, sentado a un lado de la plaza y uno de los más requeridos por los turistas para hacerse fotografías, está inspirado en Francesco Caputo, sobrino de ‘Elmar’, de ascendencia italiana. El barquero de verdad es ideal para fotos individuales y grupales por su pose y el fondo limpio del mar.

El cuerpo del italiano está hecho en material colombiano, pero el remo es de importado desde Venecia y su figura es un homenaje a la colonia itálica con aportes en ópera, gastronomía y la construcción de obras monumentales como la Catedral Metropolitana de Barranquilla, María Reina.

Por último, en el fin del recorrido, rumbo al Muelle 1888, está la escultura del judío, en honor a la comunidad hebrea establecida en Barranquilla, impulsores inigualables del comercio y la banca. Ésta fue inspirada en Salomón Nader que a diferencia de los otros modelos no era conocido de la artista. Su figura, recostada a un pilote vertical que sostiene el techo donde se ubican los artesanos, lee la torá mientras, maleta a un lado, espera lo que el destino habría de tráele en tierras colombianas.

El significativo proyecto instalado para educar y divertir hace parte de un trabajo de recuperación de la memoria histórica, proceso conjunto entre la Gobernación del Atlántico, la Alcaldía de Puerto Colombia, la Fundación Puerto Colombia, consulados, comunidad y descendientes de inmigrantes y busca mantener vivo el patrimonio cultural que estos aportaron a la identidad de toda la región Caribe colombiana.
