‘Embajada japonesa’, nuevo atractivo de Usiacurí

El centro cultural Takehara cuenta la historia que une a los nipones con el pueblo atlanticense

Por Wilhelm Garavito/Kronos

De la tierra del sol naciente, emigró hacia el Caribe colombiano, a un pueblo enigmático y lleno de historias precolombinas, Kodiro Mizuno. La tradición oral expuesta por sus descendientes y compatriotas sostiene hoy con una sonriente prosa, que aquel japonés, desembarcó un día de 1915 en Usiacurí, donde se arraigó entre cantos de aves, aguas termales y la tranquilidad que en el alba del siglo XX también cautivó al poeta Julio Flórez.

Al llegar a los pozos de agua minerales se observa el anuncio de Takehara. Foto Guillo González/Kronos

La historia, soportada en documentos reveladores e impulsada por una devoción que resulta inmune al tiempo y la adversidad, es contada con calidez entre fotografías, café, vestuarios, obras de arte y música, en un espacio más que acogedor llamado Takehara House Centro cultural, que pasó a ser referente y atracción de Usiacurí.

Al subir la cuesta se empieza a notar el bello paisaje natural de la zona. Foto Guillo González/Kronos

El lugar, que ofrece una experiencia con vuelo oriental, estando a una hora de Barranquilla, es considerado por muchos visitantes, como la ‘Embajada japonesa’ en esta parte del mundo y se encuentra a mitad de camino de una pendiente aledaña a la Casa Museo Julio Flórez y los Pozos de agua minerales en la tradicional población atlanticense.

En la entrada de Takehara hay un cartel con símbolos japoneses y sus significados. Foto Guillo González/Kronos

“Hemos hecho un proceso muy extenso, buscando toda la información dejada por los ancestros que se establecieron en Usiacurí y esta es una manera de crecer, primeramente, como familia y luego dando un aporte a la sociedad. Mucha gente viene, se toma fotos y les dice luego a los amigos que estuvo en Japón”, afirma entre risas Sayuri Dokú, quien está al frente de Takehara.

El ambiente que han recreado en el sitio es ideal para una inmersión en la cultura nipona. Foto Guillo González/Kronos

“Una de las personas que dejó una huella muy grande entre nosotros, los que tenemos ascendencia japonesa y vivimos en esta parte del mundo, fue mi tío José Kaor Dokú. Por décadas reunió información y fue un puente para que permaneciéramos cercanos a las raíces de oriente”, agrega Sayuri, quien hace décadas alterna su vida entre el ‘pesebre del Atlántico’ y el país nipón.

Sayuri, de 61 años es la fundadora del lugar, lo bautizó Takehara en honor a la ciudad donde nació su abuelo Totsu Doku. Foto Guillo González/Kronos

La experiencia

La Casa museo Julio Flórez, los murales que exaltan la naturaleza, los senderos y pozos de aguas termales, junto a las decenas de talleres de artesanías, son la lista de atracciones que consolidaron a Usiacurí como destino turístico de colombianos y extranjeros, pero hace ya un par de años, Takehara ganó un lugar y resulta llamativo para centenares de visitantes cada fin de semana.

Los visitantes aprenden a escribir su nombre en japonés y otros detalles de la vida en el país oriental. Foto Guillo González/Kronos

“Vine al pueblo por otro plan y caminando me encontré con este lugar, que es sencillamente maravilloso, sorprendente. Es interesante que conozcamos nuestra historia, que ha estado siempre construida por gente que ha venido de muchos territorios. Además, es importante que aquí todo se cuenta de una forma muy amena. Desde el más chico hasta el más adulto comprenden los mensajes”, contó Sebastián Cabrera, comerciante radicado en Barranquilla.

El original sitio empieza a destacarse como una alternativa distinta para el turismo en Usiacurí. Foto Guillo González/Kronos

Un punto que no pasa desapercibido entre los visitantes es el ya famoso Torii (marco de la entrada), que en la cultura de los orientales significa ‘El paso dado para dejar atrás lo mundanal y entrar hacia el sendero del crecimiento espiritual’, que es el lugar preferido por los turistas para retratarse y tener el recuerdo gráfico de su visita.

El Torri se destaca como un lugar especial para las fotografías. Foto Guillo González/Kronos

“No tenía ni idea del significado de la entrada. Es bello que a uno le cuenten todo eso. Y bueno, es también simpático hacerse una foto aquí. Uno la muestra y cualquiera cree que es en Japón o en China. Aparte, a uno aquí le escriben su nombre en letras japonesas y ese detalle es bien bonito para uno llevárselo”, manifestó entre risas Mariana Cueto, turista antioqueña que se fascinó con el lugar.

El ingreso al Centro Cultural es gratuito y gratificante. Foto Guillo González/Kronos

Además de conocer de cerca la esencia de la vida y la cultura de un país tan avanzado como Japón, los visitantes pueden palpar de cerca sus tradiciones, degustar parte de su gastronomía y viajar a su orgulloso pasado.

Además de gastronomía japonesa, también se ofrecen bolis criollos o granizados de frutas para el calor costeño. Foto Guillo González/Kronos

Sayuri, la creadora y gerente del lugar invita a los curiosos a que se prueben las prendas de vestir típicas en el país asiático. Por 10 mil pesos las personas que quieran, se pueden colocar un Yukata, vestido típico de verano japonés de vívidos colores, acompañado con accesorios como el Obi, que es un fajón amplio que remata en la parte posterior con un lazo y complementar la indumentaria con un abanico oriental y una Kasa (sombrilla) pintada a mano.

Sayuri ayuda a la bogotana Johana Ríos a ponerse el atuendo japonés de verano. Foto Guillo González/Kronos

Las impresiones de los visitantes son más que positivas al usar los atuendos y se marchan con un recuerdo único en un sitio diferente a lo que se ve en las poblaciones turísticas colombianas.

La experiencia se completa con la foto en el Torii, ataviados como japoneses. Foto Guillo González/Kronos

Eso expresan personas como Crisbel Fernández De La Hoz, venezolana radicada en Colombia, que destaca el esfuerzo de recrear una parte de Japón en un lugar como Usiacurí, «es una experiencia única, yo he visitado muchos sitios y esto me ha sorprendido», destaca la joven que junto a la bogotana Johana Ríos, también turista, decidieron ponerse la vestimenta japonesa y lucirla para su familiares y amigos.

El Yukata se complementa con accesorios para el cabello, sandalias y un tradicional abanico de mano. Foto Guillo González/Kronos

El legado

Tras la llegada de Kodiro Mizuno en 1915 a Usiacurí, quien viajó cargado de ímpetu explorador, siguió un proceso migratorio organizado de japoneses hacia Colombia, llevado a cabo en 1929. Ahora es el turno de todos los descendientes, a quienes les basta inclinar el cuerpo para saludar y extender toda su cordialidad hacia cada visitante.

Una parte de Japón en Colombia. Foto Guillo González/Kronos

Los japoneses y descendientes de estos en Usiacurí se cuentan por decenas desde la segunda década del siglo XX. Hasta hoy, el más popular fue José Kaor Dokú, personaje multifacético.

Se destacó como futbolista profesional y en 1948 figuró con Independiente Santa Fe, ganando el primer título del balompié colombiano. Luego se unió a la Armada Nacional y combatió en la Guerra de Corea. Kaor o ‘Casimoto’, como se le conocía, trabajó casi hasta su fallecimiento (20 de diciembre de 2022) por el bienestar de los soldados colombianos que fueron parte del mencionado conflicto.

En Takehara guardan y exhiben la historia de los primeros japoneses en Colombia. Foto Guillo González/Kronos

En el presente, los japoneses representan más que una estela de anécdotas en Usiacurí, son alegres partícipes de un pueblo que se distingue por saber vivir en paz (no registró muertes violentas durante 22 años), y por acoger a quien llegue de cerca o de lejos, con la mera intención de hacer germinar felicidad y Takehara se convierte en ese rincón que contagia esa armonía y tranquilidad que ellos regalan con su sabiduría ancestral.

Los visitantes a Takehara se contagian de la armonía que transmite la cultura nipona. Foto Guillo González/Kronos