La celebración cultural más grande e importante de Colombia empezó con la espectacular Batalla de Flores y su ritmo va en aumento
Por Guillo González/Kronos
Al barranquillero le gusta madrugar y más si es para rumbear, y en esta ocasión el Carnaval se lo pidió, más bien se lo exigió. Si, la tradicional Batalla de Flores arrancó temprano, a las 10 y 30 estaba programado su inicio, lo que hizo que los asistentes al primer evento de los cuatro días de fiesta, pusieran rumbo a la Vía 40 desde tempranas horas de la mañana.

Desde todos los rincones de la ciudad empezaron a llegar los que no se querían perder el desfile multicultural más importante del país. Los palcos, los minipalcos, las sillas y cualquier espacio posible para observar y disfrutar del evento fue ocupado ocupó por un público, ávido de su espectáculo anual.

El comienzo del desfile fue puntual, tal como se había advertido se dio. A las 10 y 30 de la mañana empezó a fluir el río de danzantes incansables y talentosos con las baterías intactas para recorrer los 4,5 kilómetros del ‘Cumbiódromo’.

La música, los gritos de combate, de jolgorio y de alegría retumbaron en toda la ciudad cuando se dio la orden, animando y alegrando la vida de una ciudad que se desdobla cada año gracias a su carnaval, al cuidado de sus tradiciones y a su importante carácter cultural que la ha dado a conocer en el mundo entero.

Durante cerca de 7 horas las comparsas, cumbiambas, danzas, grupos folclóricos, artistas y disfraces fueron protagonistas de un desfile imponente e impactante, una invitación para los sentidos y el goce responsable de una tradición centenaria y valiosa que ha marcado a toda una región.

El rugido del Rey Momo y la elegancia de la Reina, el desfile, un tapiz de tradición y fantasía
La Reina del Carnaval, Michelle Char Fernández, envuelta en un diseño que rendía homenaje a nuestras raíces africanas, apareció sobre su carroza como una deidad de la alegría. Su actitud y su energía llevó al clímax a sus súbditos carnavalero, sus brazos no se cansaron de repartir besos y flores, mientras el Rey Momo, Adolfo Maury, comandando a sus amados Congos, confirmaba que en Barranquilla el mando lo tiene el pueblo.

El desfile fue una sucesión de postales vibrantes, su majestad la cumbia erizó la piel de más de uno, el roce de las abarcas contra el asfalto caliente y el ondeado de las faldas blancas fueron el metrónomo del evento. Los Congos con sus turbantes altísimos decorados con espejos, defendiendo la tradición con la seriedad de un guerrero y la sonrisa de un parrandero.

A medida que la tarde emergía el sol empezaba a ceder, pero la marea humana no bajaba la intensidad. No faltaron los grupos de fantasía que, con plumas de colores neón y coreografías milimétricas, bellas bailarinas sudorosas y enérgicos danzantes le dieron el toque moderno a la jornada, sin embargo, las Marimondas, con su brincadera irreverente, y los Monocucos, con su misterio juguetón, se robaron el show con su magia teatral y singular.

Los últimos grupos cerraron con orgullo una jornada donde no hubo extraños, solo «llaves» unidos por un mismo sentimiento.»Esto no es solo un desfile, es el alma de Curramba volcada en la calle», gritaba un barranquillero desde un palco, mientras se sacudía la maicena de la camisa.

La Batalla de Flores de este 2026 dejó claro que, aunque pasen los años, la fórmula del Carnaval sigue intacta: un poco de tradición, alegría, talento y corazón en cada paso de baile. La Vía 40 quedó sembrada de flores y confeti, pero sobre todo, quedó lista para un Carnaval que apenas comienzan.

¡Quien lo vive, es quien lo goza!












