
Columna de Wilhelm Garavito Maldonado
‘Emilia Pérez’, la película reciente de Jacques Audiard, que resuena en el mundo por sus 13 nominaciones a los premios Óscar de la Academia, e igualmente por tener como protagonista a la actriz transexual Karla Sofía Gascón, es una historia pertinente y generadora de reflexiones acerca de lo que resulta creíble en nuestro tiempo.

Exhibe a una sociedad gobernada por capitales venidos de la ilegalidad, y pone a cualquier espectador a cuestionar los pecados enmarcados en obras u omisiones.
Nadie parece salvarse de la sed que lleva a los pecados capitales, y lo usual es que sea venerado el dinero o la ‘santidad’ que con este se alcanza. Así, resulta muy sencillo que una sociedad que avanza en descomposición moral y ética, encuentre en cada fotograma del filme un reflejo de su presente.

Lo que sin duda no fue sencillo, fue la apuesta escénica de Audiard. Habría resultado mucho menos complejo rodar la película con las estéticas que han acompañado desde siempre el drama del narco derrotado, acorralado o perseguido, o acudiendo a la intensidad de la tragedia sin pretenciones narrativas eclécticas como las de esta ocasión.

Jacques Audiard decidió hacer un musical – con lo que acentúa el tono crítico -, logrando una subjetividad que lleva la narración al terreno de lo superlativo, con caricaturas que se hacen más profundas y nunca ridículas, aunque ridiculizan. ¡La carga irónica y metafórica es colosal de principio a fin!… Así, agregó la complejidad de quien está seguro de lograr una obra diferencial e icónica.
Resulta imposible escapar de la violencia, de lo que hace único a cada ser desde lo existencial, o permanecer impoluto en un mundo que no garantiza lo esencial para la mayoría. Ese es el grito con el cual el director francés viaja con planos que van de lo claro a lo oscuro en el instante preciso.

Quien no tenga los musicales en su lista de formas cinematográficas predilectas, puede hallar en ‘Emilia Pérez’ una oportunidad de contemplación que permita un punto de giro, o igualmente el reto de comprender lo cercano desde las figuras literarias que Audiard plasmó con una irreverencia contundente que desgarra y sorprende.
Hasta hoy, muchas voces surgen desde México diciendo que el país plagado de narcos y corrupción expuesto en la cinta no es el suyo. Nunca he ido a México, pero como habitante de la Tierra, digo que el mundo mostrado en cada escena es el que habito.
